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40. Biografía de Robert Capa: Una guerra constante entre Ernö Friedmann y Robert Capa.

“Si tus fotografías no son suficientemente buenas, no te has acercado lo suficiente”

Robert Capa, seudónimo de Endre Ernő Friedmann (Budapest, Hungría, 22 de octubre de 1913-Thai Binh, Vietnam, 25 de mayo de 1954), fue un corresponsal gráfico de guerra y fotoperiodista húngaro del siglo XX. Dejó Hungría a la edad de 17 años después de haber sido arrestado por manifestarse en contra del gobierno dictatorial.

Tras la derrota militar de la República Soviética Húngara a finales del verano de 1919, dado que los conservadores eran partidarios de restaurar en el trono húngaro al antiguo emperador mientras que el Ejército y los radicales de derecha rechazaban la vuelta de los Habsburgo, se decidió la implantación temporal de una regencia en marzo de 1920.1 El régimen del regente Horthy se caracterizó por su carácter conservador,2 chovinistamente nacionalista y furibundamente anticomunista.3 La regencia se sostuvo sobre una alianza inestable de conservadores y ultraderechistas. Se traslado a Berlín en Alemania, donde estudió periodismo y comenzó a trabajar en el laboratorio fotográfico de una agencia.

Fue en ese periodo cuando floreció su ideología de izquierdas; al mismo tiempo que se extendía el nazismo en Alemania. En invierno, Endre solía tirar cubos de agua fría a las calles de Berlín para que los soldados nazis resbalaran con el hielo. Robert Capa siempre fue un hombre decidido, además de tener una gran empatía. Esto le abrió muchas puertas a lo largo de su vida. Su primera fotografía publicada, tomada en 1932, mostraba a Leon Trotsky dando una conferencia sobre la Revolución Rusa.

En el mitin del político estaba prohibida la entrada de cámaras, pero Endre consiguió colar la suya. Capa firma con su verdadero nombre, Friedmann. Será uno de los pocos trabajos de su carrera vendidos con su identidad real. Sin embargo, su prometedora carrera en Berlín llego a un súbito final cuando tuvo que huir de los Nazis para establecerse en Francia.

El nazismo era cada vez más incipiente en Alemania; Endre, con su origen judío y su conocida ideología de izquierdas comenzó a sentirse inseguro en Berlín, así que en 1933 salió del país y se instaló en París. Allí fue donde conoció a su pareja, Gerda Taro, que también era fotógrafa.

Ambos publicaban pequeños trabajos para agencias de prensa, pero no conseguían despegar, y vivieron un tiempo de forma precaria.

Entonces a Gerda Taro se le ocurrió una idea. Endre tenía que reinventarse. En 1936, crearon un alter ego para él: Robert Capa, exitoso periodista estadounidense. Aunque este nombre no se legalizó hasta muchos años después, el cambio de identidad y la carrera que inventaron a sus espaldas cambió el destino de Endre, y gracias al personaje de Robert Capa comenzó a triunfar. Poco después del nacimiento de Capa, le contrataron para hacer un reportaje sobre el Frente Nacional francés.Y, en el mismo año, consiguió cubrir la Liga de las Naciones en Ginebra. Allí demostró su talento captando una escena que pasó desapercibida para el resto de periodistas: un periodista español siendo arrestado por error.

En 1938 viajó a China para cubrir la segunda guerra chino-japonesa. Allí fue testigo de la resistencia de la región china de Manchuria contra la ocupación japonesa. Con este reportaje consiguió la portada de la prestigiosa revista Life.

Fue un conflicto que Capa calificó como la “mayor estupidez del mundo”. Fue un viaje muy frustrante para él, ya que el control de las autoridades y las dificultades de comunicación le supusieron grandes barreras para su manera de trabajar.

Robert Capa fue a España poco después, donde cubrió la Guerra Civil junto con su pareja, Gerda Taro, para Vu, Regards, Weekly Ilustrated y Life. Capturó momentos como la despedida de las Brigadas Internacionales, la batalla del Ebro, y la vida de los refugiados españoles ante el avance franquista.

Esta guerra se convirtió en el conflicto bélico más fotografiado de la era dorada del fotoperiodismo. En un país en guerra, no había mucho tiempo para escribir, y las imágenes reflejaban mejor la tensión del momento. El fotoperiodista reflejaba conceptos, como la miseria, el miedo o crueldad. Para Capa, solo se podía captar estas emociones implicándose con la gente del lugar, tratando de comprender sus sentimientos. “No me interesa hacer imágenes bonitas, ardo en deseos de contar una historia”, dijo, “Prefiero una imagen que sea imperfecta desde el punto de vista técnico a una mala imagen técnicamente perfecta”.

Capa y Taro trabajaron de forma conjunta durante la guerra, intercambiando cámaras y escenarios. La carrera de ella también comenzaba a brillar, pero Gerda ya no volvió a hacer fotografías más allá de esta guerra: murió atropellada por un tanque durante una retirada republicana.

La carretera se iba convirtiendo en una riada de gritos, juramentos, cláxones y cacofonía de motores, agravado por el vuelo rasante, el zumbido aterrador de la aviación franquista. Gerda y Ted comenzaron a oír un ruido de motores a su derecha. Aníbal seguía acelerando, intentando ver algo en medio de los árboles. La carretera debía de andar cerca. Gerda y Ted giraron sus cabezas esperando ver de dónde procedía aquel rumor creciente. Aníbal descubrió un claro entre las ramas e irrumpió en la carretera: un mar de personas y vehículos. A Gerda apenas le dio tiempo a darse cuenta de que un tanque T-26 junto a otros más se le venía encima saliendo de la espesura de forma impetuosa. Josef intentó esquivarlos dando un volantazo y girando a la izquierda. Pero ya era demasiado tarde. Gerda cayó del coche y las orugas pasaron por encima provocándola heridas mortales. Las cadenas la reventaron. Ted se rompió una pierna. Unas fuentes dicen que el coche volcó y otras que consiguió mantenerse en la carretera… con las cámaras en el asiento del copiloto.Otros testigos aseguran que Gerda había caído por un bache o una explosión anterior, justo detrás de una pequeña valla, y que el tanque, maniobrando hacia atrás o descontrolado, se llevó por delante a la gran promesa de la fotografía europea. La retirada continuaba, pero había que evacuar a Gerda Taro de allí. Unas horas más tarde, cuando pudieron detener sus máquinas blindadas, otro tanquista, de nombre Fernando Plaza, le dijo a Aníbal: “¡Te has cargado a la francesa!”.

Ni se había dado cuenta. Pero sí conocía a la francesa. Todos la conocían como la compañera de Capa. Gerda Taro no saldría viva de la batalla de Brunete.

Robert Capa tuvo que reponerse y siguió trabajando en el terreno. Así, se convirtió en el autor de la que está considerada como mejor fotografía de guerra de la historia, el miliciano republicano abatido de un disparo. Esta imagen se transformó en un símbolo, de la lucha del pueblo y la fragilidad de los combatientes republicanos.Pero esta imagen no ha estado libre de polémica. Su autenticidad se ha puesto en duda durante mucho tiempo. Aunque en 1991 se identificó que podría ser la batalla de Cerro Muriano, y la viuda del hermano del miliciano lo identificó como Federico Borrell García, hay muchas versiones que desconfían de la escena. Para algunos, la ausencia de sangre en la camisa y la posición de las manos indican que Capa y el miliciano estaban haciendo una puesta en escena.

Después de la Guerra Civil, Capa estableció su residencia en Nueva York. Pero pronto se tuvo que marchar para cubrir otra guerra. En 1941 fue enviado a Gran Bretaña para fotografiar la Segunda Guerra Mundial.Durante la Segunda Guerra Mundial, está presente en los principales escenarios bélicos de Europa, así desde 1941 a 1945 viaja por Italia, Londres y Norte de África. Del desembarco aliado en Normandía, el 6 de junio de 1944, el famoso día D, son clásicas sus fotografías tomadas, junto a los soldados que desembarcaban en la propia playa denominada Omaha en la terminología de la operación. Sobre el desembarco dijo:

… a las 4:00 am nos reunimos en cubierta. Dos mil hombres de pie en completo silencio. Cualquier cosa en la que pensaran debía ser alguna forma de plegaria (…) nos bajamos del bote y comenzamos a andar. entonces vi a los hombres caer y debí empujar sus cadáveres para seguir. Las balas hacían huecos en el agua a mi alrededor y debí ocultarme tras el primer obstáculo de acero que vi. Mis encuadres estaban por completo llenos de humo de mortero, tanques quemados y botes que se hundían. Cada pedazo de mortero chocaba con el cuerpo de algún hombre. Tome foto tras foto enloquecidamente…

 De las 134 fotos que tomo del desembarco, sólo once sobrevivieron al revelado. Que se conocen como Las Magníficas Once. Él fue el único fotógrafo en la primera ola del desembarco, la que recibiría todo el fuego enemigo y tendría más bajas.

Cuando finalmente se cumplió su viejo sueño de ser un “fotógrafo de guerra en paro” (no por haber renunciado al oficio, sino debido a la ausencia de nuevos conflictos), llevó durante varios años una placentera vida cosmopolita en París. En 1947 creó, junto con los fotógrafos Henri Cartier-Bresson, Rodger, Vandiver y David Seymour, la agencia Magnum Photos.

También en el año 1947 viajó a la Unión Soviética con John Steinbeck para ilustrar Russian Journal. Al año siguiente visitó Hungría, Polonia y Checoslovaquia con el periodista Theodore H. White, y en 1949 realizó las fotografías de Report on Israel, cuyo texto estaba firmado por Irwin Shaw.

En 1954, la editorial Mainichi Press le invitó a viajar a Japón para participar en el lanzamiento de una nueva revista ilustrada, pero finalmente se suspendió el viaje: a finales de abril. Howard Sochurek, el fotógrafo de Life que cubría desde hacía varios meses la guerra de Indochina, tuvo que regresar a Estados Unidos y el editor de la revista convenció a Robert Capa para que le reemplazara en el frente.

En la madrugada del 25 de mayo, mientras acompañaba a una expedición del ejército francés junto con dos corresponsales más por una espesa y peligrosa zona boscosa bajo fuego en Jeep, Capa decidió bajarse y adelantarse a pie para fotografiar el avance. Entonces el pelotón escuchó una explosión, había pisado inadvertidamente una mina que le voló la pierna y le produjo una grave herida en el pecho. Fue llevado en ambulancia pero murió camino al hospital, siendo el primer corresponsal estadounidense muerto en esta guerra. Desde que se ‘estrenara’ en una conferencia de Trotsky en 1932 hasta 1954 nos dejó 70.000 instantáneas únicas

 

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