“Aquel verano llovía poco y el calor regularmente se mantenía por encima de los veinte grados, lo que tampoco era frecuente. El termómetro situado en el Muro, ante la preciosa playa de San Lorenzo, a ciertas horas del día, incluso, cosa insólita, marcaba veinticinco grados, lo que hacía que los veraneantes se pasaran el día entero en la playa, o en cualquier cala cercana de la costa, dado que en los alrededores de Gijón existen abundantes playitas bordeadas de acantilados en lugares de verdadero ensueño. Pero pese a todo esto y al calor que apretaba, Chana y Belén Vilar no se hallaban ni en la playa de San Lorenzo ni en La Ñora o la playa España, pongo por caso. Era sábado y ninguna de ambas hermanas trabajaba aquella tarde, por lo que se habían citado en una cafetería ubicada en la plaza de Begoña, a las once en punto de la mañana….” Así se lee una de las novelas de Corín Tellado, nuestro personaje de hoy que conoce a una pareja de recién casados que elige Gijón para su luna de miel a mediados del siglo XX.