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Salvation: una nueva mirada al amor

Salvation: una nueva mirada al amor

En esta ocasión hablaremos del amor incondicional desde un nuevo punto de vista. Me encantaría que te quedases a reflexionar juntos sobre ello. Éste es un encuentro en el que tú y yo nos aunamos en una cita de comprensión e indagación en lo que somos, más allá de la apariencia y la pretensión. ¿Me acompañas a este encuentro en uno mismo? Te recuerdo que en Raquel Díaz PND (mi nueva web de recursos y servicios), y en las redes sociales instagram (aquí), facebook (aquí) y twitter, podrás encontrar muchísimas herramientas como: preguntas y respuestas, dudas de consultas, reflexiones concisas, vídeos diarios, meditaciones, programas de ejercicios, podcast con herramientas o didácticos, audios de consciencia, desarrollo, neurociencia, fotos, programas de radio, conferencias, talleres etc. Todo ello puede servirte de utilidad. Puedes unirte para una mayor comunicación y un servicio optimizado y fluido. Dicho esto, en el post de hoy vamos a realizar una reflexión más bien introspectiva, sensitiva, profunda y a la vez sencilla, sobre el Amor. Una mirada bajo un fresco y esencial sistema de pensamiento de creación, expansión, amor y unidad. En él, pasas de ser un ente aislado que lucha por sobrevivir, a una parte funcional, necesaria, poderosa y única de la vida. Una parte sin separación o división, importante, milagrosa, que está colmada de merecimiento por derecho de existencia. ¿Estás dispuesto a zambullirte?

Salvation: una visión sobre amar y sobre el Amor

Amar no es justificar un acto. Amar es ir más allá, al origen. Todo se trata de comprender que todo acto o eventualidad que pareciera acontecer es sólo la excusa por la que se expresa una pauta determinada de amor/confianza/expansión o miedo/contracción/supervivencia. Si el evento en cuestión nos muestra carencia, separación, supervivencia, huída, ataque o cualquier tipo de conflicto, entonces refleja la pauta de miedo o herida escondida en las catacumas de nuestra consciencia, aparentemente oculta tras las sombras. Éstas no son más que luz juzgada y aún no comprendida.

Esta eventualidad o hecho, por consiguiente, es sólo la consecuencia de la falta de consciencia amorosa o, de una idea de carencia y necesidad. Su presencia no llega para ser justificada, ensalzada, enorgullecida, avergonzada, moralizada, evadida, ocultada, condenada o algo por el estilo. Llega para ser observada y permitirnos contemplar desde otro prisma el sentido de estar aún ante nosotros. Al ser comprendido todo cae por su propio peso. Por ende, luchar contra algo lo refuerza y quizás carezca de la importancia que tantas veces le atribuimos. Ver el sentido y el mensaje de lo sucedido y comprender su origen en sí, permite el soltar y liberar ese significado con sus aparentes ganancias. Por tanto, ver el origen comporta su verdadera sanación, al ser atajada bajo el prisma del amor, de la verdad, de la luz y la responsabilidad, no de la culpa.

El sarampión nos indica la presencia de un virus o de una alteración en el sistema. No se cura el sarampión atacando en el síntoma, aunque, esto no exime de poder mimar ahí, si así lo consideramos, para paliar, apaciguar o calmar su expresión y extensión a la vez que realizamos un viaje al origen. Es una forma de sentirse calmo y en el ambiente propicio para indagar en la causa o tratar el virus. No se cura el sarampión en el síntoma sino que se evidencia por él y, por ende se cura y sana a través de él y su evidencia. Se trata el sarampión en el cuidado del Ser y su refortalecimiento inmunológico. No se trata de atacar, sino de reforzar el amor y la sensibilidad, el clima adecuado y propicio de salud y curación. El cuerpo ya sabe sanar al ser su estado natural.

El cuerpo es sano por naturaleza y se sana por medio de ella. Es nuestra presión interna la que crea las resistencias que propician la activación de mecanismos de supervivencia adaptativos que, desadaptativamente sostenidos en el tiempo, van en detrimento de nuestro cuerpo y la óptima expresión de nuestros genes de salud. Se trata de soltar y liberar incoherencias. Sólo hemos de soltar la resistencia y dejar de imponer más presión en el organismo. La presión se sostiene al fortalecer la lucha. Sinembargo, la alternativa de entregarse a su naturaleza, le permite aunar energía con la que activar su clima propicio y salir refortalecido del evento.

 

Si lo pensamos bien y salimos de la metáfora por un instante, es inherente a la vida. Las corazas nos asfixian con su presión, sus grietas se vuelven contra nosotros, su rigidez nos aísla y nos ahoga. Y, así mismo, la sensibilidad del a flor de piel nos inunda, nos colma, nos lleva a empatizar en una verdadera comunicación, nos flexibiliza, amplia nuestra visión de unidad. En definitiva, nos permite comprender y decidir de nuevo, en pro de la verdad y la eudaimonía para con todo lo que Es.

Volviendo a las metáforas, es la hierba que atraviesa el asfalto al crecer, sin posible visión de ataque, o resistencia. La hierba que crece en pro de su naturaleza y su propósito de vida. No se esmera, solo sigue su curso. Crece y atraviesa la coraza del cemento y el asfalto, por mucho esfuerzo en mantener firme lo irreal y autoimpuesto. Se expande en semillas gráciles y sutiles, inundando con su presencia totalmente el mundo. Lo natural emerge, se expande, florece y no requiere de ningún tipo de energía más que la basal, pues sólo se trata de dejarse Ser en paz. Lo natural en el Ser es la benevolencia, por mucho miedo que pareciera imperar en el pequeño ser (ego) con el que el mundo creyó identificarse y, con sus pautas limitadas (condicionamiento). Las ideas, antes o después, caerán. Si nos fijamos bien, con perspectiva, caen constantemente al ser evidenciadas.

Ante cada evento en que la crítica expande «a voz en grito» las miserias de una supuesta sociedad, siempre allí se haya la sorpresa de la excepción que nos propicia de nuevas perspectivas ilimitadas. La excepción solo es excepción porque nosotros lo valoramos así. Es solo una opción de pensamiento más que podemos apoyar. Es una opción que conlleva un modo de operar que podemos contemplar, expandir y al que podemos sumarnos, creando más de lo mismo.

No somos una excepción, somos, entre infinitas cosas, la posibilidad de crear y expandir lo simple. Y, así mismo, lo simple y natural es belleza y amor que, como tal, conlleva el descanso de Ser y no las ideas rocambolescas de hipotéticos escenarios y estrategias del aparentar. Observemos como «el plantear estrategias y escenarios rocambolescos» es un arduo juego de defensa y ataque que requiere de grandes dosis de energía. No es de extrañar que el humano común esté exhausto. Así mismo, sentarse a respirar contemplando y tomar decisiones en alineamiento y coherencia con nuestro centro, no requiere de más voluntad que, hacerse a un lado de nuestras ideas manidas y obtusas y nuestros monólogos internos en bucle y permitirse, al fin descansar. Quizás nos hemos acostumbrado a ir en piloto automático de vuelta a casa por un largo trayecto. No obstante, no es el único existente. Siempre podemos decidir un camino más acorde, si nos es más útil y agradable, tomando un espacio de mirada fresca y decisión consciente. En definitiva, volviendo al virus o el ejemplo del sarampión: atajar la fiebre y no curar la infección (herida, pauta mental), es un esfuerzo en vano y fútil.

 

La finalidad de la presencia del evento o circunstancia que parece ocurrir en la vida es la de evidenciar, mediante el síntoma, la causa, como en el sarampión. Por muy difícil que nos parezca, tiene como fin una llamada de atención global. La llamada global es una petición de sanación, pues esa idea o pauta origen, quizás no está siendo apropiada y útil para un sistema. Desde este prisma, por tanto, es una oportunidad curativa para todos por muy raro que nos suene. El evento o circunstancia, tiene como fin, no el juicio final, sino el final de los juicios. Sus objetivos, son los de incluirnos en el mundo y el de la sanación mediante la investigación consciente. El objetivo no es el de alejarnos o separarnos de ello (la causa), como tantas veces se ha comprendido.

El ojo y el intestino grueso son partes de lo mismo, un cuerpo único compuesto por lo aparentemente dispar. Sin embargo la totalidad de las células, expresen lo que expresen al estar especializadas y organizadas funcionalmente, están siempre compuestas por el mismo ADN. Ojo e intestino son lo mismo, incluso cuando su camino sea no verse las caras o convivir en aparente cercanía. Es más, ninguno se siente culpable o incorrecto por no tener que tener una interacción amistosa. No veo por ninguna parte al oído o al corazón reprochando la supuesta conveniencia de verse todos los martes en un café o comida familiar. El amor es la aceptación mutua e incondicional de la esencia, sin tratar de cambiar nada de lo que se ve. No te amo por hacer, o no hacer lo que, yo creo, se espera o no de ti. te amo y punto. Amar por Ser, sin ningún requisito o forma determinada.

Observemos a estas dos entidades de la metáfora. Así somos todos en este universo. No tiene por qué caer en mi realidad aquel o aquella y no obstante son parte de lo que soy, al ser parte de la totalidad de lo que Es. Se trata de ver sin añadidura, de soltar juicios y depositar amor en la causa que el miedo originario configuró como herida no sanada. No se trata de realizar la lista de requisitos y agravios y puntuar en consecuencia. A nadie ayuda semejante asunto. Es más, lejos de ayudar nos condena. Seamos coherentes. ¿No vemos acaso que son, nuestros propios juicios y las propuestas de pensamiento a las que les rendimos pleitesía, las que nos anclan y condenan?. Somos libres más allá del cascarón programado. La decisión es nuestra. Podemos decidir en coherencia, bajo la honestidad del experimentar lo incierto o, podemos creer que sabemos todo sin experimentar nada y, ser pensados así mismo por una programación determinada.

 

 

Volvamos de nuevo al amor, aunque si bien Amor es todo lo que hay, más allá  de ser conscientes de ello o no, no creo que de modo alguno haya hablado de otra cosa. Así pues, amarlo todo es transformar. Depositar amor es un acto interno, espontaneo, natural, sin forma, que parte de una aceptación total y no de una condenación previa al Ser. La responsabilidad sobre un evento no moraliza o condena la globalidad. Más allá de ésto, habla de un hecho en sí mismo como evento preciso para aprender. Es una cicatriz por donde entra la luz. Es lo necesario en tantos y tantos casos en los que, más allá de bien y mal, está ese punto de autoencuentro, comprensión e indagación, tras el evento.

No es lo mismo dictaminar: «Eres malo por pegarme con un palo», que declarar: «amiguito si me das con el palo a mí me duele». Se trata de una postura natural sin añadidos. Se trata de observar y actuar sin reaccionar como respuesta automática ante la presión del interruptor. Más allá de la reacción, esta la acción por decisión al meditar y decidir en coherencia desde el Ser. Está decisión está lejos de la huida o ataque del ego. Pararse a realizar con atención esta respuesta, nos sitúa en una postura diametralmente distinta a reaccionar positiva/negativamente, llevados por un programa. Ese programa es un automatismo. Son mensajes inconscientes imprimidos a nive interno y celular, al sostener en ellos memorias de supervivencia y, un juicio perceptivo posterior, un juicio moral. En la decisión coherente y consciente, está presente el sentido común ante la información de la utilidad y la veracidad, no unas supuestas ideas determinadas e incuestionables.

Es cuestión de emanar compasión soltando la virulencia de las ideas programadas con rectitud y ver, coherentemente, las cosas por su nombre. Ver las cosas como causa y consecuencia, en la que sólo un acto es observado y analizado. Depositar amor no tiene nada que ver con: condonar actos y comportamientos. Amar no significa: caer en la lástima y la conmiseración, perder el punto de vista originario y la causa real al empatizar con la idea de una falta o carencia en lo que veo y el sistema de pensamiento del temor. Amar no va de ver al otro como pobrecito, imposibilitado y seguir a favor del bucle.

 

Amar es ver la realidad de los hechos más allá de interpretaciones o ideas. Amar es ver sin añadidura y, evidentemente responder abrazando la causa, más allá de reaccionar positivamente o negativamente. Amar es conectar con el inconmensurable poder interno de nuestro amigo, hermano, vecino, y darle la oportunidad de ver en el espejo que sostenemos, frente a frente, ese poder del que creía carecer. Amar es validar el poder y no la fuerza, pues toda fuerza conlleva una contra fuerza o resistencia de igual valor y sentido opuesto. De igual modo, todo poder engloba e incluye la resistencia, hasta transformarla en un punto de apoyo o impulso, al integrarla.

El amor es una extensión de una mirada pacífica y libre que atiende a lo que ve y se extiende por medio de ello. El amor es sensibilidad y plasticidad. Muchas veces, por no decir siempre, abrazar la causa es ocuparse de uno mismo y lo que a uno le compete. Mirar al otro, al evento o circunstancia en su totalidad desde la observación. Se trata de conectar con su y nuestro poder de decisión y su y nuestra inocencia intrínseca. Son sus acciones en las que viven aprendizajes, no castigos, sino consecuencias lógicas que le sirven para inducir a una reflexión de postura hacia un mundo que lo acoge con sus luces y allí donde él creía sombras. Educar no es castigar, es aprender desde el abrazo, la reflexión y el apoyo.

Te apoyo en tu aprendizaje pues fue de un modo u otro tu petición y elección como clamor de atención, aún cuando no eras consciente. No te apoyo para que cambies, te aborregues, obedezcas o te redimas. No te apoyo esperando tu castigo en una postura tan violenta que respondo con el mismo dolor. Te apoyo al verte en tu luz y saber que lo acontecido es lo que necesitabas, tu camino de menor resistencia a tu encuentro con el amor y la sanación que siempre estuvo en ti. Así te veo en tu siempre belleza y eterna construcción. Te apoyo dando por supuesto que bajo este evento, te conectas con ese amor del que te creías desprovisto y, vas más allá de esa idea, al encuentro con tu interior bondadoso e impecable.

 

 

Amar al otro es permitirnos y permitirle. Permitirle Ser y permitirnos ser a nosotros mismos desde el respeto y la tolerancia del camino que creamos en nuestras conscientes y pertinentes decisiones. Permitirnos ver sin boqueo del ojo por las ideas del supuesto bien o mal. Permitir la decisión de lo que es útil para uno mismo y obviamente para el mundo. Permitirnos sin juicio elegir lo que es coherente y positivo para uno, dejando toda moralización de cómo debería de ser el otro. No podemos vivir las experiencias por otros, ni aprender por ellos. Sólo ocuparse de los propios mensajes y las propias lecciones de uno. Sensibilizarnos ante lo que vemos, sin corazas, respuestas, moralidad o protección alguna, es el ejemplo con el que verdaderamente predicar, sin más esfuerzo que Ser. Allí donde el Ser impera, nada se ha de fingir o pretender.

Responder con diligencia y amorosidad es responder sin juicio moral o ética alguna ante el ente. Esto es, responder sin condenación o justificación. Se trata de poner las ideas a un lado y ser conscientes y consecuentos. Obrar bajo la atenta mirada del sentido común. Evidenciar el evento como posibilidad y oportunidad de comprensión y transformación. La mirada amorosa y el sentido común es atención plena como forma de vida, no como metodología que usar en ciertos momentos de la vida. Esto conlleva un paradigma mental y una transformación de la mentalidad que propicia una veraz transformación en el sistema. Cuando hay un movimiento en una ínfima parte, todo el conjunto se transforma. Dame un punto de apoyo y moveré el mundo, nos decía Arquímedes. Así mismo el amor es la transformación de cualquier evento al incluir ese punto de apoyo con su meditación y la reflexión pertinente. El amor no nos lleva a apartarnos de la vida, pues la vida es Amor.

El amor no nos lleva a no sentir la vida. El amor nos lleva a sensibilizarnos sin necesidad de protegernos. Proteger es crear aquello de lo que uno se defiende al darlo por válido en su realidad y existencia. Es absolutamente absurdo para el amor buscar el amor, como es absurdo para nosotros buscarnos a nosotros mismos, estando en nosotros mismos. Encontrarse en lo que se ve es otra cosa. Es absurdo para nosotros, parte sin distinción y división de la vida, protegernos de nosotros mismos y de la vida, pues sólo revalida la necesidad de conflicto, mientras se pelea con nuestra concepción de la vida y por ende de nosotros mismos.

Las ideas no son lo que somos, pues son susceptibles de ser cambiadas, reemplazadas, elaboradas de nuevo. Las emociones no son lo que somos, pues es algo eventual que fluye por sobre lo que somos. Nuestro cuerpo no es lo que somos, pues se divide y recrea tantas veces que, en apenas meses es algo distinto. Nuestra esencia sí es invulnerable, amorosa y eterna y ahí es donde reside el encuentro en el amor, en el des-cubrir sin etiquetar y la posibilidad de descansar en el Ser y no en el figurar.

La vida observada es aquella que merece ser vivida

Observa el funcionamiento de las cosas sin ponerle etiquetas. Fíjate sin temer. Creas aquello de lo que huyes con pavor. Expandes aquello a lo que tratas de ponerle fin. Refuerzas aquello de lo que te defiendes o proteges, pues pones energía en esa idea. Le insuflas aliento y vida. La alimentas y riegas cuan semilla. Le dices y declaras a ciencia cierta, que existe para ti. Hay nuevos caminos de posibilidad que contemplar y probarse. Es como un traje nuevo que compras cuando para recambiar ese que tenías tan viejo y manido que se había tornado parte de tu piel. Te aferabas a obsoletos patrones y migajas que un día tuvieron sentido y no a lo cómodo, elegante y rejuvenecedor. Es ante la verdadera sensibilidad el lugar en el que te encuentras a ti mismo y te comprendes.

Recuerdas para qué aparece en tu vida tal o cual evento, al verlo como consecuencia de la idea sostenida en algún escondrijo de tu psique. Al verlo como parte de ti, incluso especular, puedes amarlo y destilarlo como un alquimista que torna el plomo pesado y ennegrecido, en oro brillante. Al verlo en ti, puedes amarlo y asumir su presencia. Si yo sostengo de modo alguno algo que no comprendía y ahora puedo ver, entiendo que, al ser visto por mí, me compete a mí su liberación. Verlo no es condenar, es observar y decidir ahora, con consciencia plena, qué quiero hacer con ese menester.

Definitivamente, ya no es necesario más de aquello que jamás trajo satisfacción alguna o caricias para el corazón. Lo mismo te propongo a ti en este instante de apertura. Ver sin juicio y sin justificación. Sólo ver por el placer de ver, sin sentirte esclavo de la postura que hipnotizado sostuviste, parecieras jugar el papel de víctima o victimario. No temas, las polaridades, cuán imán se hicieron para aunarse. No hay una sin la otra. Ocurrió porque era necesario. Desde tu punto neutral, ahora, puedes decidir qué aspecto sostienes. También, que posturas, ideas o semillas ya no te sirven para disfrutar porque jamás fueron parte de ti, aunque así lo llegases a creer al ver que te proporcionaban alguna satisfacción.

No hay nada de malo en ello. Pinchos, púas flores y miel son naturales y todas cumplen una función, siempre que sean coherentes con tu realidad. La naturaleza no entiende de bien o mal, sino de utilidad ante una eventualidad. Comprender la satisfacción o necesidad que tenían por sentido nuestras púas y espinas, o las púas y espinas del evento que vemos, nos lleva a encontrar modos más amorosos y coherentes de poner luz donde pensamos que había miedo. Atención, esto no se da exclusivamente en nuestras vidas, sino en la del conjunto. El intestino no procesa solo los nutrientes de sus células, o para sus células intestinales. Él procesa todos los nutrientes. El crazón no bombea sólo sangre para sus células de corazón, sino de todo el conjunto. Ocurren por algo, es su función. Es el más amoroso canal de ejercer esa tarea. Observa, atiende, auna y ejerce tu perfecto, bello, grácil, necesario o bendito propósito. Llámalo como quieras.

 

No huyas del otro, es tu bendito reflejo y sostiene el espejo en el que tus más ocultas y profundas pautas se esconden. Lo que emerge de las profundidades, viene para ser amado y liberado. Viene y revive, pues tú eres aquel que puede verlo desde la claridad y la inocencia, donde otros pusieron sombras y condenación. Lo que emerge, viene para transformar y optimizar la totalidad. Emerge para ser transmutado. Viene para ser liberado y contraer el tiempo de perdón/sanación/liberación transformacion de la pauta origen que ya no tiene utilidad alguna. Transmutar conlleva extensión y nueva vida, expandiendo la felicidad que encontramos como parte intrínseca que nos compone, al despejar preguntas y capas de niebla. La felicidad, (descubrimos al vivenciar el amor en todo), es lo que somos en esencia y por derecho de existencia. No conlleva sesgos e incluye a todas las emociones y estados transitorios porque no la vulneran. Es como el sol que no es vulnerado por más nubes que lo ofusquen.

Todo lo que cambia no es real, es pasajero y así mismo la esencia intocable e inalterable que subyace al Ssr que representas y compones es aquello que descubres al vivenciar el amor que eres en todo lo que ves, contemplas y haces, del modo que sea. Más allá del mundo que ves, estás inmerso en el mundo que mereces y eres. De todos modos sólo tus ideas programadas te han alejado de ello al crear un laberinto de niebla con sedosos espejos espejismos. Desde este prisma, y volviendo al inicio de este artículo, tus pasadas ansias de “salvar y proteger a tu hermano de su propia decisión” cambian de sentido y de forma para el “amar a tu hermanos recordándole el Ser todopoderoso que es, incluso cuando se ve sembrado en cenizas y despojos”.

Las catástrofes no vienen por estar estrellados o por merecerlas. De hecho, el sufrimiento es una idea irreal que seguiremos haciendo real o, será una realidad para el mundo hasta que éste comprenda que esa idea carece de sentido. Para ello es necesario que, colectivamente deje de darle fuerza e insuflarle vida partiendo no desde lo global sino desde la decisión interna y personal de cada una de las partes. Las aparentes catástrofes o eventualidades son experiencias pedidas para analizar el origen que veíamos al inicio. Aparecen para soltar ideas que repetimos y pedimos al sostener las nubes emocionales no destiladas y presentes en nuestros inconscientes colectivos, familiares e individuales, esos contextos que más allá de definirnos, nos invitan a soltarnos.

 

 

Estos eventos son de un modo más o menos intenso para nosotros, lo necesitado en algún nivel profundo para re conectarnos para reconectarte con todo lo que te niegas y crees no ser. Como aquella historia que te conté un día de un gato que no tuvo más remedio que experimentar la presión de verde avocado y acometido a las llamas del fuego de la chimenea, para tener la voluntad de atravesar el miedo. El salir de la chimenea al encender el fuego le salvó de una muerte lenta por asfixia, al esconderse profundo en un agujero sin salida, completamente temeroso al no dejarse ayudar por aquellos que trataban de salvarlo. Tratar de salvar al gato cuando su temor le puede es crear más temor en él. Hacer lo pertinente y dejarlo libre le lleva a dar el salto que, por mucha aparente ayuda, no se permitía dar al verse acorralado por sus propias prisiones proyectadas y reflejadas en un mundo terrorífico.

Abre mente y corazón y ocúpate de ti. Ponte a disposición de amar y de entregarte a tu vida sin más. Abriga perdón y sanación en tu mente y corazón. Lo abriga aún cuando no sabes como pues, aquello que tu amas eres. Es la proyección de tu idea de amor y por ella te permites amarte y encontrarte a ti mismo más allá de lo que creías. A más te abres al amor más te reconoces en él y en todo lo que es. Más apertura es más posibilidad de conexión y más amor te refleja, como aquella niña que abrigaba resentimientos ante sus heridas del pasado y al amarse tanto, sin haber hecho nada más ama de dejarse ser en paz, amo incondicionalmente y espontáneamente a aquellos que consideraba no dignos de perdón.

No los amo por los hechos, los amo más allá de ellos. Los amo y me amo al comprenderlos/ compenderme y verlos/ verme en la totalidad, más allá de las posturas que se hayan decidido adoptar. Amamos al ver mucho más allá de la ilusión de su coraza. Amar y transformar es un acto espontáneo que brota del corazón, de la sensibilidad y de soltar capas de protección. Sino, a más lo intentes, más cubres con capas de amor ideal y normatizado lo que Es. El amor es amor. Hay amor abrupto en el que la sensibilidad y la dignidad, nos lleva a decirnos sí. y ese sí a su vez es un no al otro. no hay nada de malo o negativo en no apoyar semilas, acciones, ensamientos, pautas o conductas con ls que no nos sentimos identificados o que no nos representan. Ese no, es un aprendizaje para ambos, una comunión y un apoyo no excluyente, es símbolo de toleancia y respeto, no de búsqueda e aprobación y de carencia.

 

 

Cuando el no a lo aparentemente externo implica un hacia ti, libre de defensa o protección, podemos estar seguros de estar en el momento adecudo y lugar preciso. El amor nada sabe de tener que estar de acuerdo, el amor ama incluso en la armonía de la discordancia y en el experimentar los caminos pertinentes y dispares. No sólo los permite sino que los alienta, pues amar, implica amarse y escuchar lo que es apto, coherente y necesario para uno mismo. Estar de auerdo no implica amor, si lo que se propone es semilla de temor y de miedo. ¿Qué puede haber de nutritivo en tragar el miedo y seguir a favor de  su legado?

Amor es la caricia y el zarpazo de un gato cuando nuestros requisitos le exigen amarnos como requerimos y no como a él le nace. Amor es todo lo que veo y soy, así como todo lo que eres, lejos de condiciones y más allá de ficticias capas. A más te ames, más amarás y amenos te ames, más te cubrirás de especialismos y capas, de requisitos que te harán vulnerable cando eres impecable e invulnerable. Solo los pensamientos de miedo y ataque impactan en nuestra invulnerabilidad por nuestra propia decisión.

 

Salvation: Eres libre.

Más allá de empatizar con el aparente problema, observa que, es la «mente problemática», es decir la mente que se enfoca y percibe el problema, (no la idea mente en sí), la que lo fabrica. Te invito a practicar la verdadera empatía, la empatía de soltar certezas y dejar de decir bueno o malo, correcto o incorrecto, pues condenas a tu hermano y a ti mismo con ello. Bajo esta premisa no es consciente de que donde hay uno hay el otro y, así mismo una idea con un peso asociado que ejercerá su efecto. Mas allá del juicio está la verdad sublime y presente que no se deja etiquetar o fotografiar. Más allá de hábitos esta lo creativo y aferrarse a su forma es condena que nos impide avanzar y Ser lo que siempre hemos sido. Empatiza amor contigo y tu manso corazón. Has venido a servirte a ti mismo y al mundo siendo lo que eres, no siendo un siervo al servicio de ideas.

Empatiza con la verdad en ti o en el otro y el poder en el interior para transformar cualquier evento proyectado por su creador, tú, como parte de la unidad de la mente conjunta. Eres el amor y la sanación, mientras observas y amas liberas al mundo de aquello que se creyó ser fruto de la supervivencia, la desconfianza y el temor. Ya estás a salvo libre. Siempre lo has estado, no importa la película cinematográfica o el drama teatral en el que pareciera ubicarte como espectador. Has vuelto al origen realmente. Créeme que no existe lo casual y, si esto llega a ti es para recordarte que eres libre. No se trata de ser fotocopia.

Los grandes maestros del amor como tú tienen una función ´unica y precisa, la de amar siendon más ellos mismos hasta descubrir qué son. La vida con sus preciosos mensajes precisos. Jesus, Buda, aquellos que consideras puntos de encuentro y sostén, no eran copias ni seguían un patrón. Eran librepensadores que atravesaron sus propias experiencias a su modo, imprimiendo en ello lo necesario. A más te dejes Ser ás estarás en el momento propicio y exacto obrando tus milagros, e lugar de forzar aprendizajes. A más tú seas mas ejercitas tu bendito propósito, único en tu unicidad, imprescindible en la unidad. Colmado de Gracia pues creador eres y creado por el amor para Ser, sin esfuerzo has sido. Eterno.

 

Podríamos pensar que las catástrofes son catástrofes, o incluso que nos sirven para ser conscientes y arremeter contra los «responsables», para salvar al mundo de otros, ajenos a nosotros, que han sido catalogados o entendidos con una falsa interpretación de responsabilidad cuan culpables. Proviene de un sesgo atemorizante de que la pérdida es posible. Su objeto se ha creado con el fin de cuidar a nuestra manera y proteger del modo que hemos considerado conveniente sin observar, solo deliberando como grandes poseedores de respuestas. Seguimos autoridades y somos autoridades cuando sólo hemos de ser aquellos que sirven a la autoridad de nuestro Ser y nuestro CORAZÓN para con nosotros mismos. No(s)otros. No otros.

También podemos ver que todo es una verdadera oportunidad para amar incondicionalmente y no a nuestra manera determinada. Amar donde siempre se ha respondido con miedo, ataque o lucha donde el juicio pudiera haber hecho mella, donde tu corazón siempre ha podido reconocerse como inocente y ver la profundidad y amorosidad que existe en nosotros, en todo lo que es, en ti en cada instante de tu vida, incluso los que ocultad por pavor, incluso cuando no la encontramos. Allí donde tú estás siempre está la liberación de todo tiempo, todo evento, y tu infinito amor. Eres, fuiste, serás la inocencia viva. Tu Ser es impecable independientemente del juego o la foro que haya decidido expresar en algún aparente instante fruto de escuchar al intérprete del ego. Incluso el tiene al amor pues ante el amor y su abrazo, es humo que se deshace al no ser ni haber sido real. Solo una loca idea que hemos de tomarnos a risa y abrazar como «aquello que se nos ocurrió un día por jugar a ser lo que no somos»

 

Podemos soltar el falso ideal de “responsable» que, propaga la idea de culpa. Un falso condicionamiento del lenguaje que nos lleva a tiempos infantiles en el que se nos juzgó como «irrespnsables por un acto juzgado negativo», imrpimiendo una falsa premisa moral de nuevo. La responsabilidad imprim libertad, no culpa incubierta en una palabra con menos carga de pecado. La responsabilidad nos conduce a la observación de que todo es una verdadera oportunidad de transformar y responder con sublime perfección y amor ante lo que antes se percibía como ataque. Somos amorosos y somos el amor. El mundo está a salvo al ser amado de todos modos y formas. Al sensibilizarse con uno mismo como parte del todo, todo es amor y cuidado. El mundo no necesita más protección sino mayor sensibilidad en su observación. Mas allá de bueno o malo, correcto o incorrecto, está la contemplación. Te invito a realizar una produnda meditación sobre ello y lo que se desliega en ti. Gracias por este encuentro. Con amor Raquel

 

La entrada Salvation: una nueva mirada al amor aparece primero en Creando Realidades.

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