Relato 31: El Controvertido Parlamento de Kutaisi.

Decía Mark Twain, en una de sus magnificas frases, que el humor es igual a la suma de tragedia y tiempo. Aunque tal vez no haya pasado aún el tiempo necesario para verlo con una distancia prudente, es casi imposible no sonreír, aunque sea desde la tristeza, al observar el novísimo edificio del parlamento de Georgia, ubicado en Kutaisi. El parlamento está situado de espaldas a la ciudad, en lo que fue un enorme memorial soviético de hormigón y bronce de 46 metros de altura, que antes de ser demolido, conmemoraba a los trescientos mil georgianos, así como a decenas de millones de otros ciudadanos soviéticos, que murieron en la Segunda Guerra Mundial.

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Relato 30 : Los teleféricos soviéticos moribundos de Chiatura.

En mi casa, por motivos económicos, no tuvimos el dilema entre Beta, 2000 o VHS a la hora de elegir el sistema para el reproductor de video. Un día, cuando el Beta y el sistema 2000, habían más que sucumbido, apareció no recuerdo quién, con un reproductor de video VHS casi nuevo, abriendo un abanico de posibilidades en el ocio de la familia. Nuestra dicha fue enorme, ya que a partir de ese momento se pudo elegir el programa en la televisión, en esas largas noches de invierno en la que nos reuniamos en torno a la enorme estufa de gas.

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Relato 29: El pilar Katskhi, la mala suerte suele estar a la vuelta de la esquina.

Mi primera gran nevada en Georgia.

Eran las cinco y media de la tarde y hacia frío. Estaba de pie frente a la ventana mirando a través del cristal. Sabia que quedaban pocos minutos, para que la negrura de la noche cubriera con su manto, la ciudad que tenia en frente. El silencio era abrumador, algo bastante inusual en Georgia. No se escuchaba ni siquiera el viento. Parecía como si aquí, en Kutaisi, frente a las montañas del pequeño Cáucaso, la vida no hubiese existido nunca. Dos niños rompieron la magia del momento al corretear por la calle y dejar sus huellas clavadas en el suelo mientras que yo, absorta, contemplaba la primera gran nevada del año.

Relato 28: Lo Malo de los Viajes [o Todo lo que me Estoy Perdiendo por Viajar]

La aplicación de Instagram es bastante canalla. Todas las fotos que lanzamos a la red, alegremente, desde un lugar insólito y remoto, esconden una cara oculta en la que es difícil sonreír. Si hurgamos un poco, vemos como estas instantáneas solo muestran una parte de la historia. En la foto no sale todo lo que hemos sacrificado para llegar hasta aquí. Lo malo de este sueño de oficinistas, en el que dejamos todo para vivir en el otro lado, es lo que nos perdemos al viajar, lo cual, por supuesto, nunca aparece en la foto de postal.

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Relato 26- 2 parte – La Borgoña Francesa, otro Desafío para los Cinco Sentidos.

Un artículo de una revista de viajes, nos puso tras la pista de todos los lugares de interés, de la magnifica región de Borgoña. A los ocho días de mi llegada a París, mi nieta, mi hija y yo, nos dirigimos rumbo al sur, una mañana soleada de finales de octubre.

Tras un apasionante viaje en coche, por la campiña francesa, llegamos al hospicio de Beaune. La reseña no nos defraudó en absoluto. Un par de edificios, con ventanas abuhardilladas de dos pisos, estaban dispuestos alrededor de un bonito patio de piedra. Posiblemente, lo que más nos fascinó fue este patio interior, donde convergen todas las habitaciones, en esta maravilla del siglo XIV. El ambiente místico del hospital para pobres, nos dejó sin habla. Estuvimos paseando por todas las salas, rodeados por maniquíes representando a las bondadosas monjas, que una vez atendieron a los que podían, y a los que no podían, pagar sus servicios.

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Relato 26: La región de Kakheti, un Desafío para los Cinco Sentidos

Las Churchkhelas de Sighnaghi.
Justo en el mismo momento en que mi madre, hermana y sobrina decidieron visitar la región de Borgoña , nosotros nos encontrabamos en la región de Kakheti. La casualidad quiso que la misma semana, visitáramos dos regiones, alejadas miles de kilómetros entre si, pero vinculadas, inevitablemente, a una cosa en común: Los viñedos. A Kakheti, con unas tierras tan antiguas como el vino, llegamos a finales de octubre apenas acabada la vendimia, en ese preciso momento, en que los campos se visten con tonos ocres y amarillentos, y ya empieza a hacer un poco de frío. Mientras que mi familia visitaba, viejos castillos y sensacionales abadías, rodeadas de viñedos, nosotros nos adentrabamos en estos fértiles valles visitando espectaculares iglesias y encantadores pueblos, en busca de las mejores Churchkhelas.

Relato 25: Pesadilla en el desierto de Azerbaiyán – Living la vida Georgia

A David Gareja, llegamos con los últimos rayos de luz de una tarde del mes de octubre. Tras un largo camino, decidimos parar un poco antes, ya que un enorme zorro se cruzó en nuestro camino. Al zorro le perdimos la pista, pero desde esa situación, rodeados por una multitud de madrigueras o nidos de serpientes, pudimos apreciar mejor las amplias llanuras, exentas de vegetación, del vecino Azerbaiyán, y en la cima, el monasterio de Lavra. Nos acercamos y un monje, con un enorme y fiero perro que le seguía, nos recibió. Sus grandes ojos azules, junto con su espesa barba ocupaban la casi totalidad de su cara. El monasterio contaba con tres niveles. Entramos directamente al segundo por una enorme puerta decorada con relieves que ilustraban la vida de los monjes y su armonía con la naturaleza. Pasamos al lado de una iglesia con su campanario, y descendimos al patio central desde donde se podían ver varias cuevas escavadas en la roca y otra iglesia, también ganada a las entrañas de la tierra, donde se disponía la tumba del mismo David Gareja, junto a varios iconos. En aquel solemne y tenebroso escenario, el monje, con una voz áspera, nos relató la historia de este monasterio.

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Relato 24: Stalin, el Último Zar – Living la vida Georgia

na de mis asignaturas preferidas cuando iba a la escuela era Ciencias Sociales. Todavía recuerdo vivamente a la profesora, Sor Rosario, a la cual apodábamos con un mote, que no voy a decir aquí, ya que como todos ellos, era bastante cruel. Con una regla y el bolígrafo de 4 colores, hacía que subrayásemos las partes importantes de la lección, para aprenderlas de memoria. Cuando nos portábamos mal, nos castigaba, haciendo que escribiésemos, en el cuaderno apaisado de dos renglones, dependiendo de su humor, 25 o 40 proposiciones. El castigo supremo era privarnos de oír como tocaba la Melódica, un instrumento intermedio entre el acordeón y la armónica, sin saber que lo que más nos gustaba a todos los alumnos, sin excepción, era cada vez que sacudía la boquilla del instrumento, llena de saliva.

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Relato 23: El Cañón de Martvili y la Plaga de Chinches.- Living la vida Georgia

Recién entrado el otoño, con calores propios de agosto y sin ninguna pretensión, decidimos visitar los cañones de Okatse y Myrtvili, y las cuevas y cascadas, que el río Abasha ha ido creando durante años. Elegimos justo ese día en que, después de las intensas lluvias y tras la subida de las temperaturas, una plaga de chinches de campo deambulaba por la zona.

Como si de una película de terror de los años 60 se tratase, una nube de asquerosos y apestosos insectos voladores, por unos minutos nos rodeó. Refugiados en el coche, oíamos como bailaban macabramente repiqueteando contra los cristales. Nerviosos, temíamos que entrasen por algún resquicio abierto pero igual de rápido que llegaron, se fueron, dejándonos un poco perturbados, dudando de la veracidad de lo que nuestros sentidos nos habían transmitido.

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