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La pierna y el camino elegido

La pierna y el camino elegido

En esta ocasión vamos a relajarnos y a reflexionar de forma breve mediante un cuento. ¿Qué clase de cuento o reflexión veremos hoy? Un cuento muy gráfico, la diferencia entre ser honesto con el sentir o esclavo de un estadio de ser alterado, emoción o patrón de pensamientos. Cuando experimentes un efecto negativo, y te sientas mal, recuerda que todo es fruto de la percepción y etiqueta de esa experiencia que tú, conscientemente o inconscientemente has validado. Si la violencia es el miedo a nuestra idea sobre los ideales de los demás, ¿Acaso no somos violentos con nosotros mismos al atacarnos constantemente con nuestras ideas y percepciones, creencias y programas constantemente, siendo esclavos de lo que un día comprendimos y hemos decidido sostener?

Identificarse con una emoción de supervivencia o patrón y, creer que es real es hacerlo real. ¿A qué me refiero? Sólo cuando nos compramos un pensamiento o idea, experimentamos el torrente y efecto de la misma en nuestros cuerpos. Validado una y otra vez crean ese constructo tan familiar que erigimos como nuestro “yo” y que de yo tiene más bien poco. Las miserias a las que se aferra el pequeño ser, nada tienen que ver con sus ilimitadas capacidades, sino con sus limitadas heridas y visión sesgada o parcial.

Más allá del cascarón de huevo con el que te identificas, revalidando siempre lo mismo, como en una cinta transportadora de aeropuerto que viene y va con la misma maleta cargada y olvidada, hay un mundo inexplorado que comienza con decirte a ti mismo. Más allá de enfocarte en un no a lo otro. ¿Te Enfocas en el  y las oportunidades saliendo del patrón de aquello que no quieres por definición? O ¿huyes de lo que no quieres, enfocándote en esos noes y tropezando infinitamente con ellos?

La realidad carece de juicios, válida lo que la mente sostiene. Si no quieres acelgas, no digas no quiero acelgas, opta por otra clase del menú y las acelgas no vendrán por definición. El camarero va a entender que no te trae acelgas si le pides musaka, no hace falta decir nada al respeto sobre lo que no te apetece. ¿Para qué regodearse? La mayoría están tan ocupados pensando en lo que pueden perder que, su energía se consume y se agota por todos sus sistemas, incluyendo el sistema nervioso simpático de supervivencia, dejando poco espacio para todo lo que pueden asumir aceptar y ganar.

Mas allá de esto, si seguimos dándole vueltas a la experiencia acelgas. El foco sigue estando en ese plato, convirtiéndose en una inagotable experiencia virtual, por ende real (para mi cerebro o inconsciente), generadora de más pensamientos, sensaciones, percepciones, heridas y fragmentación mental que me aleja de mis capacidades. ¿Ya sabes que en la experiencia acelgas rumiante no queda energía ni ganas para chocolate Godiva no? Por tanto, rumiando sintiepensaciones seguiremos haciendo la experiencia real si no dejamos de validar los pensamientos automáticos que nos envía nuestra mente reciclada. En conclusión, nos lleva a manifestar en nuestra realidad los efectos de ese pensamiento, patrón, memoria, percepción determinada…¿No me entiendes? Pues que el camarero te trae infinitos platos de acelgas, y, además  recocinadas.

Identificarse con un estadio alterado del ser es como pensar que tener un dolor de barriga es tu estado de salud normal. Muchos se han identificado con estados alterados del ser como se identifican con sus síntomas cronificados, cronificándolos aún más. Han aceptado y válidado la etiqueta y experiencia enfermo y han desestimado cualquier otra posibilidad de vida. Podemos vivir sanos al margen de cualquier síntoma en condiciones mentales. Una cosa es sufrir e identificarse con una enfermedad y otra muy distinta vivir abrazando un síntoma, que no es ni mucho menos lo que somos. Para ello hoy vamos a ver un cuentecillo sencillo, el cuento de la pierna y la decisión. ¿Te vienes conmigo?

 

La pierna y el camino elegido

Imagínate que una persona se rompe una pierna. En una situación susceptible de ser aceptada para seguir adelante sin resistencias, tomando nuevas decisiones y atendiendo plenamente a lo que ocurre. También es posible que sea resignada, peleándose con lo que ocurre en lugar de seguir. En esta ocasión, nos centramos en lo perdido y no en contemplar la nueva situación y sus nuevas posibilidades de aprendizajes, introspección y ganancias. Recuerda que cada situación trae consigo el regalo de apertura mental y, por ende, de ver un beneficio igual o mayor que la situación en sí misma. Podemos aprender de esas aparentes crisis mil aprendizajes nuevos, por asumir capacidades y herramientas ocultas que no creíamos tener. La situación, finalmente, podría ser rechazada, huida, negada (intentando hacer una vida igual que antes, forzando la pierna) o, proyectada en otros con exigencias.

Sea como fuere la pierna está rota y se nos abren múltiples tesitura al respecto. Por mucho que la gente ame a esa persona y se interese por ella, por mucho que la gente de su alrededor la impregne de cuidados y atenciones para que se note conforta da, apoyada, sostenida y comprendida, la experiencia es intrínseca al ser que experimenta. Es decir, siempre va a tener que pasar ella por el proceso de recuperación.

La persona puede dispersar su mente, atendiendo a ídolos externos jugando al peligroso juego de culpable y culpabilidad, melancolía y victimismo, soltando su responsabilidad o puede hacerlo con atención plena escuchándose, observándose, tomando decisiones coherentes instante a instante con forme a su estado y siguiendo adelante con ello. Recuerda que, una mente dispersa es una mente deprimida que derrocha energía en todos los puntos sin reteoalimentarse de ninguno. Una mente enfocada recupera toda esa energía y libera aquella enquistada en patrones caducos.

El hecho está claro: la persona tiene una pierna rota. Obviamente no es lo mismo que tenga la pierna rota y esté sola, a que todos se vuelquen en esa persona para ayudarla. En esto estaremos de acuerdo. Estar sola en hechos nada tiene que ver con la percepción de soledad. En esta ocasión nos referimos a los hechos. La responsabilidad no exime la humanidad, la mansedumbre, el amor y la implicación, sino que, muy al contrario lo incluye y lo potencia. La responsabilidad nos conecta más con la afabilidad y la verdadera empatía, la ecuanimidad, la unidad.

Lo vea ella o no, las personas que la aman se volcarán para hacer su experiencia lo más simple y fluida. No obstante, en su experiencia perceptiva, no en hechos, puede experimentarlo así o no, según la resistencia. De todos modos, todas las decisiones de andar, hacer rehabilitación, respetar sus tiempos, escuchar su dolor y atenderse le van a tocar a ella, por mucho que todos esten a su alrededor. Es muy lógico ya que es su pierna y su experiencia vital. Nadie puede tomar un helado de chocolate y disfrutarlo por ti por mucha criba que te hagan atendiendo a tus gustos conocidos. Ella pasará la experiencia porque es su pierna, no por que los demás no la quieran. Además, esa experiencia tiene muchos regalos encubiertos y aprendizajes valiosos que han de ser considerados.

Ahora bien, si esa persona, por decisión consciente o inconsciente, lo que viene siendo: cansancio, hastío, apatía, desmotivativación, desaliento, orgullo, rabia, victimismo, miedo, culpa o, incluso debido a que cuando estamos enfermos todos se vuelcan en nosotros y se podría llegar a pensar que si estamos bien no lo harán, si por cualquier razón de las infinitas que existen, uno se rompe una pierna y decide no moverse y quedarse paralizado sin hacer recuperación será también su decisión. Su decisión llevará una serie de consecuencias, si decide no escucharse, no implicarse, no decidir y esperar, el sujeto activo de la experiencia decide ser sujeto pasivo. El sujeto pasivo decide no experimentar sino sufrir y es también una decisión lícita y no juzgable que ambas partes (persona y cercanos) han de asumir.

Si además decide romperse más la pierna o aceptar que, aunque la pierna rota no es su estado original, va a seguir así toda la vida, resignándose a ello sin hacer nada, vivir nada nuevo, abrirse a nuevas experiencias, ni decidir nada nuevo la tesitura va tomando nuevas formas. Ya nada tiene que ver con haberse roto la pierna o experimentar una sensación. Se trata de haberse convertido directamente en la experiencia pierna rota desde y la herida y el acúmulo de negatividad pierna rota, no desde toda la totalidad de la experiencia.

Si además de no aceptar su decisión, escucharse, ponerse en rehabilitación, dejarse ayudar o implicarse en el proceso, decide cooperar en la etiqueta pierna rota, dañando se más física y psíquicamente. Forzando la pierna, castigando a golpes su herida por no responder, dándose leves golpes cuando mejora para no recuperarse y así propiciar más cuidados externos y mismos mendigando amor, intentando vivir a expensas de aquel fatídico día en que su pierna se rompió y cualquier posibilidad similar, es de nuevo su decisión lícita y respetable. No obstante, entonces no se debería preguntar ni por qué sigue con la pierna rota, ni por qué no mejora.

Si además, la gente que lo ama, llega un punto en el que acepta que quiera seguir así y amarlo por lo que decide y lo acepta como es, pero ve que cada vez se hace más y más daño, es normal que decida que no sirve seguir apoyándolo porque ese alguien claramente no quiere apoyo. Decía Confucio, si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces… Quizás estás peor que antes…

Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino

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