Cuando  estudiaba en Santiago, una compañera de facultad me contó que unos tíos suyos vinieron de viaje a Galicia sobre los años sesenta. Estos señores riojanos contemplando los hórreos gallegos llegaron a la conclusión de que eran “cementerios particulares”, en sus conjeturas tuvieron en cuenta su forma y la cruz que los preside.

Cuando veo un hórreo siempre me acuerdo de aquellos familiares de mi amiga, pero ¿para qué se hicieron los hórreos?

Son construcciones de carácter agrario ideadas para almacenar el grano, a salvo de la humedad, que dan servicio a las pequeñas explotaciones agrarias de las viviendas del rural gallego, a los pazos señoriales o a las iglesias y monasterios que en este caso cobraban el diezmo por dejar secar y guardar los cereales en su hórreo.

La forma característica es estrecho y alargado, con tejado a dos aguas, terminado en una cruz y un pináculo, aunque en ocasiones hay variaciones.

La cruz que se coloca en la parte superior del frontal está destinada a espantar espíritus, ya que conviene recordar que “habelas, hainas”. Los pináculos traseros son un símbolo de fertilidad.

La cámara de almacenaje del hórreo está construida en piedra, madera o combinando ambos materiales, permitiendo el paso del aire para garantizar la conservación del grano almacenado.

Los pilares de piedra sobre los que están, a modo de palafito, son fundamentales para mantener la cámara de almacenaje a salvo de la humedad y de los roedores ya que sobre cada uno pilares de piedra se coloca una peana circular invertida, llamada “tornarratos”, que impide a los roedores trepar.

El hórreo es una construcción para dar servicio a una casa pero también constituye un símbolo externo de la riqueza del propietario, a mayor número de pies mayor riqueza. Una casa grande con una propiedad próspera debe tener un buen “granero” para almacenar su cosecha.

Los hórreos generalmente son de cuatro o cinco pares de pies, pero los hay mucho más grandes.

En el ayuntamiento de Carnota, A Coruña, hay dos que rivalizan entre sí por ser el más grande de Galicia.

El primero de ellos, en las proximidades de la iglesia de Santa Comba, pertenece a la misma. Fue construido en el S. XVIII .  Tiene una longitud de 34,74 metros por 1,90 de ancho. Nada menos que  está sobre 22 pares de pies, impresiona verlo.

Está magnífica construcción se realizó en dos fases, inicialmente su longitud era menor pero en una segunda fase se  agrandó. El por qué no está claro, se baraja que quizá se quiso superar al hórreo vecino, ubicado de la parroquia de Lira.

Y es que como os decía, para ver otro hórreo descomunal no tenemos que movernos mucho. En el mismo ayuntamiento de Carnota, en la parroquia de Lira, nos encontramos con otro hórreo de 22 pies que fue construido por el mismo arquitecto, Gregorio Quintela. En este caso su longitud es algo mayor que el anterior, ya que mide 36,53 metros pero es más estrecho, tiene 1,60 metros de ancho. Este hórreo, como es habitual en los hórreos de propiedad eclesiástica, forma parte de un conjunto arquitectónico compuesto por la iglesia, la casa parroquial (hoy en mal estado) y un palomar.

No existe consenso sobre cómo valorar el tamaño del hórreo, para unos el más grande es el más largo, para otros el más grande es el que tiene mayor capacidad de almacenamiento que aunque sea más corto puede ser mas ancho.

El de Carnota por su simbología, conservación y arquitectura, ha sido declarado Monumento Nacional. El conjunto cuenta con la iglesia, la casa rectoral, el palomar y los hórreos, uno pequeño de 4 pares de pies y el hórreo grande, que ha hecho famoso al conjunto.

El más famoso es el  de Carnota, pero el más largo está en la parroquia de Araño, ayuntamiento de Rianxo, con 37 metros de largo. El debate se centra en que esta construcción no está realizada sobre los característicos pies sino que se apoya en su muro de mampostería. Este hórreo, también  como en el caso de Carnota y Lira, pertenece a la iglesia, formando conjunto con la iglesia parroquial de Santa Baia, la capilla de Nuestra Señora de los Milagros y la casa rectoral.

Otro hórreo singular es el de Poio, en Pontevedra, que tiene 17 filas de 3 pies cada una: 51 pies. Su anchura es tremenda, supera los tres metros (3,36m), hay que tener en cuenta que la anchura habitual suele ser de 1,30 a 1,50 metros. De largo tampoco está mal, tiene una longitud de 33,46 metros. Su tejado también es singular, se hizo a cuatro aguas.

 

Por último hay uno en Vilaboa, provincia de Pontevedra, que es digno de ser mencionado, no tanto por su longitud sino por su capacidad. Para ello está sostenido por doce grupos de tres pies que conforman un total de 36. Pertenece a la iglesia, formando un conjunto con la misma la casa rectoral de San Martiño. Ha sido restaurado en el año 2014 ya que hasta ese año se mantenía abandonado y en riesgo de derrumbe. Se cree que fue construido el siglo XVIII y está hecho íntegramente con granito y cubierto por teja del país.

 

Los cinco hórreos mencionados pertenecen a conjuntos de propiedad eclesiástica, con ellos se obtenían grandes beneficios a través del diezmo.

En Galicia hay muchos nombres para referirse al hórreo que es la denominación más conocida.  Proviene del latín horreum, es decir almacén de cereales, granero. Los hórreos, canastos, canastas, palleiras… son construcciones que ya no se hacen, muchos de los que hay están en desuso o se utilizan para tareas distintas a las cuales fueron concebidos.

Hoy muchos hórreos se han reconvertido, los podemos encontrar como parte de complejos hoteleros como es el caso del que hay en la Quinta de San Amaro o incluso como alojamientos en sí mismos para pernoctar en la isla de Ons.

En otros casos nos encontramos con pueblos como Combarro, en las Rías Baixas, cuyos sus hórreos a pie de mar constituyen su  mayor atractivo turístico.

 

El hórreo forma parte de nuestro patrimonio, no siempre se valora la necesidad de protegerlo y difundir su presencia. En caso del hórreo de Carnota y de Lira contamos con buena señalización y facilidad para ser visitados. No sucede así con el hórreo de Rianxo que se encuentra cercado por un muro que delimita la finca que pertenece a la rectoral. Lo mismo sucede en Vilaboa cuyo hórreo carece de señalización, a pesar de estar muy próximo al ayuntamiento y a la carretera general, además su uso está restringido, pertenece a la rectoral y se ubica en una finca cerrada. El de Poio se puede visitar.

¡Os animo a que vengáis a conocerlos! ¡El Viajero Accidental sigue recorriendo y compartiendo Galicia de cabo a rabo!

 

Nota de la autora: “No he recibido ningún tipo de compensación (económica o no) por escribir este artículo, no tengo conexión material con las marcas, productos o servicios que he mencionado y mi opinión es independiente”

 

La entrada De ruta por los hórreos mas grandes de Galicia se publicó primero en El viajero accidental.

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