Clint Eastwood
Clint Eastwood (en la imagen) refleja los duros momentos que pasó Richard Jewell, cuando fue investigado como posible cómplice del atentado frustrado durante los Juegos Olímpicos de Atlanta’ 96

Clint Eastwood es un hombre inflexible en sus opiniones y en sus objetivos profesionales, que nunca recula para atrás o titubea, si confía en un proyecto fílmico.

Pese a las malas críticas obtenidas con 15:17 Tren a París (obra basada en el enfrentamiento real de un grupo de pasajeros y de tres militares estadounidenses contra un terrorista yihadista, que amenazaba con atentar en el tren donde estos viajaban), el cineasta, actor y guionista californiano vuelve a potenciar en The Ballad of Richard Jewell el valor intrínseco de los héroes anónimos rescatados de la realidad, y que en cierta medida potencian el espíritu de orgullo patrio que la estrella de Gran Torino suele propagar, cada vez que tiene ocasión para ello.

Dentro de semejante esquema filosófico, el caso de Jewell resulta particularmente emotivo, y llenó en su momento las páginas los rotativos y revistas más importantes de la nación de John Fitzgerald Kennedy con juicios paralelos ajenos a las pruebas, y que pusieron a su protagonista al borde del encarcelamiento.

RJ era guardia de seguridad del complejo de AT&T en Atlanta a mediados de los noventa, y saltó a la actualidad por ser el individuo que localizó un mortífero artefacto, situado en uno de los aparcamientos del lugar en que trabajaba. La coincidencia en el tiempo con la celebración de los Juegos Olímpicos de Atlanta’ 96 habría causado una auténtica masacre, si Jewell no hubiera avisado a las autoridades para que evacuaran a los transeúntes de la zona.

Los mass media pronto catalogaron al también policía como un admirable héroe contemporáneo, de los que marcan con sus acciones las virtudes humanas más loables. Pero el discurso cambió de tercio rápidamente, y algunos medios empezaron a identificar a RJ como uno de los que planearon la matanza. A partir de ese instante, la existencia del guardia de seguridad se convirtió en un infierno, lo que agravó notablemente su estado físico y mental; así como su diabetes y sus problemas de corazón.

Clint Eastwood
Clint Eastwood ha escogido a Paul Walter Hauser (en la foto), para encarnar a Richard Jewell

Al final, el salvador de Atlanta fue exonerado de las acusaciones, y el FBI concentró las investigaciones únicamente sobre Eric Rudolph (un tipo habitual en el manejo de artefactos explosivos, motivado por un peligroso fanatismo cristiano). Sin embargo, y pese a la declaración de inocencia, Jewell nunca se recuperó del todo, y falleció en 2007, con sólo 44 años de edad.

CLINT EASTWOOD PREMIA EL ALTRUISMO HEROICO

Un artículo de la periodista Marie Brenner, aparecido en la revista Vanity Fair, ha servido de base a Eastwood para confeccionar la historia de Jewell: al que presenta como un individuo sin mayor interés que el de proteger a las posibles víctimas inocentes. Un hombre al que el guionista Billy Ray (Capitán Phillips) le entrega las palabras y acciones de un ser tan normal como excepcional, que se comportó de manera encomiable, frente a una situación realmente complicada.

El responsable de Million Dollar Baby sume la trama en una voluntaria montaña rusa de emociones, en la que el veterano creador fílmico intenta mantener intacto su peculiar sentido de la naturaleza protectora y de las consecuencias que conlleva el altruismo sincero, sobre todo cuando hunde sus presupuestos en un mundo movido por las teorías conspiratorias y el morbo escénico.

Clint Eastwood
Clint Eastwood ha tenido en cuenta todos los escritos aparecidos, con respecto a la figura de Richard Jewell

Olivia Wilde (Tron: Legacy), Sam Rockwell (Poltergeist), Jon Hamm (Mad Men) y Kathy Bates (American Horror Story) son algunos de los actores que acompañan a Paul Walter Hauser (Infiltrado en el KKKlan): el intérprete escogido por CE, para meterse en la piel del agobiado Richard Jewell. Este artista de 32 años permite al fogueado director de Medianoche en el jardín del bien y del mal construir un personaje creíble, sin el peso del estrellato de por medio; lo que favorece a que el público vea la caracterización de Hauser con el necesario poso de verosimilitud y coherencia.

Fiel a su estilo, el incombustible Clint “Harry Callaham” Eastwood se adentra con The Ballad of Richar Jewell en una de sus tesis favoritas: la de la heroicidad anónima que muestran de vez en cuando sus compatriotas estadounidenses. Un asunto que siempre ha defendido con uñas y dientes delante y detrás de las cámaras, y que ha ocasionado al icónico californiano alguna que otra polémica, sobre todo por la vehemencia conservadora con la que suele defender tales argumentos.

 

 

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