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Aranjuez: el Versalles español

Aranjuez es de esos pueblos únicos, admirables, que se conservan en formol, detenidos en una época pretérita, salvaguardando el recuerdo de lo que antaño fueron. Y así mismo y por idéntico motivo se convierte en una visita imprescindible para todo aquel que llega de visita a Madrid. Es el complemento perfecto para una escapada a la capital y una excursión que siempre, siempre, recomiendo a mis amistades de otras provincias.

Tiene fama de ser el pueblo más bonito de la Comunidad de Madrid y se ha ganado el honor con creces. Porque más que un pueblo, es una villa que mantiene los aires señoriales de siglos pasados, donde visualizas a las damiselas de antaño paseando protegidas por sus sombrillas con puntilla del sol de verano y a los hombres quitándose el sombrero a su paso en modo saludo.

Aranjuez forma parte de la red de los Reales Sitios, las residencias y lugares de recreo de la Familia Real desde época de los Austrias y que en la actualidad se encarga de gestionar Patrimonio Nacional. Palacios, jardines, monasterios o conventos que antiguamente utilizaban los monarcas y sus familiares para escapar de las intrigas en torno al poder y los enfrentamientos con clérigos, nobles y las más de las veces con el pueblo llano. Yo, que nací republicana y considero la monarquía una de las peores enfermedades de las democracias del siglo XXI, considero que una de las pocas cosas buenas que nos han dejado esta gente que se han pasado la vida viviendo de las rentas sin dar un palo al agua, es el magnífico patrimonio que nos han legado en forma de castillos, palacios y mansiones extraordinarias. Al menos a nivel arquitectónico y cultural de algo ha tenido que valer la existencia (sin mucho sentido en la actualidad) de los «de sangre azul».

Es tan bonito Aranjuez que Joaquín Rodrigo le convirtió en protagonista de una de las composiciones más conocidas de la música a nivel mundial, «Concierto de Aranjuez». De ella se han grabado cientos de versiones, siendo acaso la más emotiva la que hizo el grandísimo maestro Paco de Lucía.

Hace unos cuantos siglos, Aranjuez tuvo la suerte de ser escogida por diferentes monarcas como lugar de retiro. Los Reyes Católicos ya se encapricharon de su privilegiada situación en la ribera del Tajo, Carlos V pasaba aquí varios meses al año disfrutando de la caza, su afición favorita, y sería Felipe II quien daría los primeros pasos para el diseño de los grandiosos jardines que a Arajuez han dado fama.

Pero si hubo un rey que se enamoró completamente de la villa, este fue Felipe V, quien habiéndose criado en Francia y acostumbrado a esos suntuosos jardines versallescos, quiso tener su propia réplica a la española. En realidad fue el primero de los Borbones que se asentó de forma definitiva en Aranjuez. Otros reyes posteriores, como Carlos III, llegaban a pasar aquí seis meses al año.

En realidad, y al contrario que en otros reinos de Europa, donde la familia real solía vivir en la capital (aunque se tomaran periodos de descanso en otras residencias), en España la familia real era más lista que nadie y se pasaba la vida yendo de una casa de vacaciones a otra. Así, el invierno lo pasaban en el Palacio del Pardo, en verano en el Palacio de la Granja de Segovia, en otoño se iban al Escorial y en primavera venían en Aranjuez. Que en mi opinión es la época más bonita para que vengas a conocerlo.

 

Palacio Real de Aranjuez

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El Palacio Real está considerado, con razón, uno de los más bonitos de Europa. Llegar hasta nuestros días no le ha resultado fácil, eso sí. Su construcción comenzó de mano de Felipe II pero posteriormente se paralizaron las obras durante años. Y cuando estas se retomaron, un descomunal incendio devoró el edificio casi al completo. Así que sucesivos monarcas como Felipe VI o Carlos III, con la ayuda encomiable del brillante Sabatini, fueron los encargados de finalizar una de las obras maestras de nuestra arquitectura nacional.

El Palacio Real es impresionante en su exterior pero aún más en su interior. Dentro podemos disfrutar de cámaras tan sorprendentes como la Sala de Pinturas Chinas (con dos centenares de cuadros que el emperador de China regaló a Isabel II), el Gabinete Árabe  (inspirado en la Sala de las Dos Hermanas en La Alhambra, con clara influencia árabe, y que se usaba como salón para fumar), el espectacular Comedor de Gala con su soberbia bóveda o las cunas reales, obras de arte en forma de camitas para bebés.

Precios

Tarifa individual

Tarifa Básica 9 €

  • Visitantes que no puedan beneficiarse de la tarifa reducida o gratuita.

Tarifa Reducida 4 €

  • Ciudadanos entre 5 y 16 años. Acreditación mediante carné identidad o pasaporte de 14 a 16 años.
  • Mayores de 65 años.
  • Estudiantes titulares de acreditación hasta los 25 años con carné actualizado de estudiante nacional o internacional.

Horarios

  • Invierno (octubre a marzo). De martes a domingo: 10:00 – 18:00
  • Verano (abril a septiembre). De martes a viernes: 10:00 – 16:00
  • Verano (abril a septiembre). De sábado a domingo: 10:00 – 19:00
  • Cierre taquillas y acceso a Palacio una hora antes
  • Cierre semanal: lunes

 

Jardines de Aranjuez

Decir que son soberbios es quedarse corto. En mi opinión, los jardines más bonitos de España sin ninguna duda. Son seis los jardines que sirvieron antiguamente como lugar de reposo de la realeza y hoy se encuentran a disposición de todo el mundo.

Jardin Aranjuez

Jardín del Príncipe: En mi opinión, el más deslumbrante de todos. También el mayor, con una extensión de 150 hectáreas. Al contrario que otros jardines, cercanos al Palacio Real, este se encuentra a orillas del Tajo. Y tiene otra característica que le diferencia de sus «hermanos»: la influencia anglosajona en su curioso trazado. Tiene rincones preciosos como el Estanque de Chinescos (un lago con templetes donde nadan los patos), el Embarcadero Real y diferentes fuentes como la de Apolo, la de las Cabezas o la de Narciso.

Jardín del Parterre: El jardín que rodea al Palacio Real no esconde su influencia francesa, de ahí que el título de este artículo sea «Aranjuez: el Versalles español». Caminos empedrados, rotondas bordeadas por setos, estanques, esfinges protectoras del palacio y fuentes como las de Ceres, las Nereidas o Hércules y Anteo. En su interior podemos pasear por el Jardín del Rey y el Jardín de la Reina.

Jardín del Rey y Jardín de la Reina: El primero, el del Rey, recuerda a los jardines italianos, de los que tan enamorado se encontraba Felipe II, y es un ejemplo de jardín cerrado con estatuas. Se diseñó pensando en contemplarlo desde palacio, para lo que se construyó una galería en la fachada del edificio. En su interior se pueden encontrar diferentes esculturas del propio Felipe II o bustos de emperadores romanos. El Jardín de la Reina se encuentra en la parte norte del palacio y es menor que el Jardín del Rey.

Jardín de la Isla: Concebido como una representación del paraíso en la tierra y situado al norte del Palacio Real, está considerado una de las grandes obras botánicas renacentistas de nuestro país. Tiene varios accesos, entre ellos dos puentes, uno de los cuales se usaba para el paso del carruaje real. Cuenta con varias fuentes; las más importantes son las de Hércules, la de Apolo, la de las Horas, la de las Arpías, la de Venus, la de Baco y la de Neptuno. Aquí se encuentra el Museo de Falúas, del que hablamos más abajo.

Jardín de Isabel II: Al lado de la Plaza de San Antonio. Es el más reciente de los seis jardines y los locales lo conocen cariñosamente como el «jardín de la princesita», ya que se diseñó homenajeando a Isabel II cuando esta era aún una niña. Preside el recinto una estatua de bronce de la pequeña, rodeado por bancos y jarrones de piedra.

 

Museo de Falúas

Las faluas, esas preciosas embarcaciones de recreo que navegan por el Nilo pero que pueden encontrarse en otros lugares del mundo, tienen su espacio en este curioso museo ubicado dentro del Jardín del Príncipe. En el edificio se exponen cuarenta objetos relacionados con estas naves, entre ellos seis embarcaciones que los monarcas utilizaban para navegar por el Tajo o el lago del Parque del Retiro. La más espectacular es la góndola napolitana de Carlos II.

Faluas

Precios

General:9€

Reducida:4€

 


Entrada gratuita: Menores de 5 años, 18 de mayo, familias numerosas, miembros del ICOM, personas con discapacidad y miércoles y jueves por la tarde para ciudadanos de la Unión Europea y ciudadanos iberoamericanos.

 

Casa del Labrador

La Casa del Labrador tal vez no sea tan conocida como otros lugares de Aranjuez pero es un rincón bastante especial. El nombre le hace justicia ya que los monarcas la plantearon como una elegantísima casa de campo. Es un palacete en el que sorprende la ausencia de dormitorios ya que se concibió como un pabellón de recreo y divertimento pero en la que, por ejemplo, destaca una magnífica escalera interior, la sala de billar o una fabulosa Galería de las Estatuas. Se le considera uno de los mejores edificios neoclásicos de nuestro país.

Casa Labrador

 

Iglesia y Plaza de San Antonio

La capilla que Fernando VI mandó construir en honor de San Antonio de Padua es uno de los templos emblemáticos de Aranjuez. Se encuentra en el que es el corazón de Aranjuez, la Plaza de San Antonio (o Plaza de la Mariblanca). Curiosamente, durante la guerra contra Napoleón, la iglesia fue usada por los franceses como cuartel militar.

En el lateral de la plaza podemos admirar la majestuosa Casa de Oficios y Caballeros, con sus larguísimos soportales, que estaba destinada a labores de mantenimiento.En la parte oriental de la plaza está la Casa de los Infantes, donde se alojaban los hijos de Carlos III.

Plaza San Antonio Aranjuez

 

Plaza de Parejas

Otra enorme plaza de Aranjuez por la que es un gustazo pasear al atardecer. Su nombre se origina en el Juego de Parejas en el que 48 caballeros se entrecruzaban, imitando un baile, en un desfile militar a caballo. Se caracteriza por las llamativas arcadas que rodean dicha plaza, otro de los símbolos de Aranjuez.

Plaza Parejas Aranjuez

 

EL MOTÍN DE ARANJUEZ

El 17 de Marzo de 1808 España era un polvorín político y social. El país que siglos antes había sido el más importante del mundo, con territorios donde no llegaba a ponerse el sol, asistía al macabro espectáculo del desmoronamiento del imperio. La influencia sobre las colonias americanas cada vez era menor, nobleza y clero expresaban continuamente su descontento con la regencia de la monarquía y el más perjudicado, para seguir la tradición, era el pueblo llano. Las clases humildes asistían preocupadas a la cada vez más inquietante presencia de tropas napoleónicas en nuestro país: más de 60.000 soldados.

Para agravar la situación, los miembros de la familia real se despellejaban entre ellos. El gobierno se dividía entre los partidarios del rey Carlos IV y los que apoyaban al heredero Fernando VII.  Y en medio, el primer ministro Manuel Godoy, odiado a partes iguales por ricos y pobres, ya que manipulaba a todo el mundo y había convertido el reino de España en su particular cortijo. De hecho, fue el primer gobernante en España que se adueñó del título de Generalísimo.

El rey Carlos IV era un personaje bastante simplón (campechano que dirían algunos), al que le importaban pocas cosas aparte de irse de caza y rascarse la entrepierna. Vamos, un tipo bastante pusilánime. A su lado, la reina María Luisa de Parma, caprichosa y altanera, que hacía con su marido lo que le daba la gana y de la que las malas lenguas decían que mantenía relaciones clandestinas con Godoy. El último en discordia era el Príncipe de Asturias o lo que es lo mismo, el patán de Fernando VII. Y al acecho, Napoleón, que pensaba que si semejante panda de inútiles estaban al frente del gobierno, la invasión del país podía ser pan comido.

Motin Aranjuez

La Corte esa primavera estaba retirada en su residencia favorita, Aranjuez, donde les encantaba esperar la llegada del buen tiempo a orillas del Tajo. Mientras tanto, las tropas napoleónicas, como quien no quiere la cosa, se habían ido introduciendo entre las calles de Barcelona, Pamplona o San Sebastián. La excusa era usar a España como tierra de paso para invadir Portugal pero la ciudadanía no lo veía tan claro.

Así mismo, el propio Godoy comenzó a sospechar de un complot entre Napoleón y Fernando VII para derrocar al padre de este último. Y muy equivocado no estaba. Por ello, Godoy intentó convencer a Carlos IV de que lo más prudente era irse de Aranjuez, camino de Andalucía (y si las cosas se ponían aún más feas, de América), antes de que las tropas francesas arrasaran con todo. Pero el rey creía que se estaba exagerando, que Napoleón era un aliado amigo y que él a lo suyo, a cazar faisanes.

Durante tres días, Godoy conversó con varios ministros y el Consejo de Castilla para que entre todos persuadieran al monarca y le hicieran entrar en razón: la huida era la mejor solución. Los partidarios del hijo, Fernando, intentaban convencer al rey de lo contrario. Y al mismo tiempo, en Aranjuez se extienden los rumores acerca de que Godoy es un traidor que pretende entregar España a los franceses.

El 18 de Marzo, a las 12 de la noche, un disparo da la señal: los arancetanos se echan a la calle, asaltan la residencia de Godoy y la saquean (sin encontrar dentro el ministro, que pasó un día y medio escondido dentro de una alfombra enrrollada) y Aranjuez entero se amotina en contra de este ministro-dictador que llevaba años abusando del poder. Carlos IV, presionado por el pueblo y su propio hijo, firma esa misma mañana el decreto para destituir a Godoy y posteriormente abdica en favor de Fernando VII. Poco le duró al hijo la alegría, ya que un mes más tarde Napoleón reunió a la familia real en Bayona y les informó de que la corona, ni para el padre ni para el hijo, sino para el hermano de Napoleón, José Bonaparte.

 

LAS FIESTAS DEL MOTÍN

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Declaradas Fiestas de Interés Turístico Internacional desde 2014, las Fiestas del Motín de Aranjuez son uno de los mayores reclamos de la ciudad. Se celebran cada año a primeros de Septiembre y son todo un espectáculo en el sentido más amplio de la palabra. A los ribereños les encanta disfrazarse de época para representar el asalto al Palacio de Godoy, donde el ministro carlista es conducido a los calabozos y se queman sus pertenencias en un castillo de fuegos artificiales.

Otra de las representaciones más vistosas es la del Descenso Pirata del Tajo, emulando a los paseos que los monarcas daban en sus faluas. Un evento que se lleva a cabo desde hace 40 años, en el que se recorren los tres kilómetros que separan los puentes del Castillo y de Barcas, y del que disfrutan tanto niños como mayores. Los participantes suelen recibir una subvención municipal para construir sus ingeniosas embarcaciones: estas mismas participan en el concurso en el que se elegirá la mejor barca de la regata. El propio Ayuntamiento organiza anualmente un taller de construcción de embarcaciones para ayudar a los vecinos a dar forma a las naves en las que descenderán por el Tajo.

 

DÓNDE (Y QUÉ) COMER EN ARANJUEZ

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Las condiciones climatológicas de Aranjuez, privilegiadas a las orillas del Tajo, provocaron que la realeza decidiera en el siglo XVI encargar a sus arquitectos particulares el diseño de unas frondosas huertas que han sobrevivido hasta nuestros días.

Escaparse a Aranjuez sólo para degustar dos de sus estrellas gastronómicas, las fresas y los espárragos, no es locura sino capricho de sibaritas. En el caso de las fresas, son estas una delicatessen que poco tiene que ver con el fresón, mucho más vulgar y tosco. La fresa es un producto de lujo en estas tierras, hasta el punto de que en Aranjuez sólo la cultivan cuatro o cinco agricultores. El hecho de que sea un producto tan delicado, sensible a heladas y enfermedades botánicas, ha hecho de él una fruta exquisita que en temporada llega a pagarse a 30 euros el kilo. La época idónea para venir a tomarse una buena copa de fresas con nata es entre Abril y Junio.

Esparragos Aranjuez

En cuanto a los espárragos, que aquí se conocen como «pericos», llevan cultivándose en estas tierras desde que a principios del siglo XVIII los importó de Holanda un jardinero que trabajaba en el país de los tulipanes. Probablemente son de los mejores que vas a encontrar en nuestro país. A mi me parecen exquisitos; soy muy «esparraguera», así que siempre que me escapo a Aranjuez no sólo intento comerlos sino también traerme un buen ramo para casa.

Aranjuez es uno de los grandes templos gastronómicos de la capital y somos muchos los madrileños a los que nos gusta ir en fin de semana para darnos un buen homenaje culinario. Restaurantes los hay a montones (y bastante buenos) pero mi debilidad es El Rana Verde, un restaurante antiquísimo (data de 1903) al que me encanta ir no sólo por su calidad sino porque a lo largo de su siglo de vida, han sido sucesivas generaciones de mujeres las que lo han sacado adelante.

El Rana Verde Aranjuez

Es un clásico dentro de Aranjuez y ha recibido decenas de visitas de personajes conocidísimos: actores, políticos, escritores,deportistas de élite, músicos, periodistas y cómicos. Su situación privilegiada a orillas del Tajo y el buen nivel de su carta (en la que destacan las ancas de rana, el gazpacho de fresas, los espárragos y las croquetas de rabo de toro), lo convierten en una recomendación más que imprescindible para cualquier visitante.

 

 

EL TREN DE LA FRESA

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Aranjuez se encuentra a 45 kilómetros al sur de Madrid. En coche se tarda poco más de media hora en llegar (ojo los fines de semana, que en pleno centro hay que dar alguna vuelta para encontrar aparcamiento). Pero si optamos por el transporte público, tenemos en tren la opción del Cercanías, la línea C3, que desde Atocha tarda unos 45 minutos en llegar a Aranjuez (precio del trayecto 4,40 euros). La estación queda a unos 20 minutos andando del palacio. En cuanto al autobús, algo más barato, la línea que une Aranjuez con Madrid es la 423, con frecuencia de un bus cada hora y saliendo desde dos paradas principales, la de la Estación Sur y la de la Plaza de Legazpi en Paseo del Molino.

Una de las formas más bonitas de llegar a Aranjuez, y desde luego la más especial de todas, es a bordo de un tren de época: el Tren de la Fresa. Desde el año 1984 lleva funcionando este tren histórico que recrea el primer trayecto ferroviario  que se realizó en Madrid en 1851 y el segundo del país tras el Barcelona-Mataró de 1848.

Tren Fresa Aranjuez

Esta preciosa iniciativa se lleva a cabo todos los años, durante los sábados y domingos de primavera y otoño, impulsada por el Museo del Ferrocarril, desde cuya sede en la Estación de Delicias parte el tren los fines de semana. Los vagones de madera, construidos en 1920, son un extraordinario viaje al pasado, amenizado por azafatas vestidas de época que ofrecen fresas a los pasajeros.

Los billetes cuestan desde 23 euros ida y vuelta (adultos) y 10 euros (niños). Hay tres modalidades diferentes, en las que se añaden visitas guiadas a los jardines, recorridos en tren turístico por Aranjuez, visita al Museo de Falúas o paseo en barca.

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